Vestido de Rojo

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Chilling in a park a few years back during the World Cup, I wrote this for a magazine (don’t worry – their rights have long since expired). I’ll translate it and put it up in English, too.

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Vestido de rojo, hay un solo hombre en esta parque, jugando fútbol con una chica y un chico. Estoy aquí tomando té y chocolate, sorprendida por el casi silencio de mi alrededores. Junto con un lápiz, estamos gozando la plaza si fuéramos solos. Algo que me imagino nunca volverá pasar en una ciudad donde es posible a estar pisoteado hasta el muerto en el tren metro. Al escuchar la brisa y nada más, parece que el fin del mundo ha llegado, pero sin la trauma esperada, y sin ningún aviso.

Una explosión abrupta de sonido me arranca al presente. Juega Chile contra Brasil en la Copa Mundial 2010, y el barniz de soledad se evapora como la última gota de pisco. ¿Fue un gol, o una protesta contra el árbitro? Dentro de cada edificio cuyas fachadas están cubiertas en vidrio que solo me refleja a mi, hay como 17 millones de chilenos unidos en un solo deseo. Victoria. La gente en los barrios altos correa Chi- Chi -Chi, -Le -Le -Le, con una reserva cultivada. En las poblaciones se escucha un grito más fuerte, bañado en cerveza barata nacional.

Antes de la violencia que sigue el partido como costumbre, estimulada por unos imbéciles, la energía común es contagiosa, incluso para una extranjera, a quien no le importa el fútbol. El sentimiento de unidad mundial promulgado por deportes me parece fructífero. Un efecto quizás no pretendido, pero útil igual. Poco después de tener una corazón llena de un amor fugaz para los deportes, me caigo en pensamientos de la gente en Sudáfrica; la gente común.

Hoy en día, este país tiene el ilustre honor de tener la disparidad de riqueza mas amplia entre los ricos y los pobres en todo el mundo. Miles de personas sin techo se habían mudados por el gobierno, para que tenga una mejor cara frente de los extranjeros en el mundial. Johannesburg gastó demasiada plata construyendo los estadios, cuyo resultado fue una disminución de su presupuesto, lo cual significa servicios reducidos para los ciudadanos con mas riesgos y menos recursos. Los obreros quienes construyeron los estadios ganan en una semana un 10% del precio de la entrada de un partido. Ellos pueden decir que participaron en su construcción. ¿Buena consolación?

Chile tiene una de las mejores economías del hemisferio oeste, y también sufre de una distribución horrenda de recursos y dinero. Para la mayoría, se puede comer suficiente, y el gobierno intenta construir casas para todos. Pero si ellos quieren guardar plata, viajar o asistir la universidad hay que esperar una beca o la pura suerte.

Me pregunto porque el hombre con los niños no están viendo el partido. El niño dice a él, “Tu juegas como Colo Colo, y yo estaré La U.” (dos equipos en Santiago bien conocidos y amados). ¿Está nervioso? ¿Apostó su casa por si acaso?

En el país donde nací, el Día de Independencia se está acercando. Es el segundo para mi viviendo en Chile. Los extranjeros de los EEUU acá se juntan y celebran, y me hace sentir algo de patriotismo. Amo a mi país y a su gente, como amo a todo el mundo. El pensamiento empieza evaporar, como mi sentimiento de fútbol. Me parece ilusión. Siento igualmente aceptada y desilusionada allá que acá. ¿Qué significa ser Estadounidense, Chileno, Sudafricano? ¿Quién decide? La brecha entre las clases de cada uno de estos países quizás sea mas grande que las diferencias entre regiones. La noción de nacionalismo le da una luz al tema, pero es una luz de circo, tramposa.

La gente aquí me pregunta, “¿Eres chilena?” “No” digo yo. “¿Española….Alemana….Francesa?” “No, no y no. Estadounidense.” A veces, me responden con algo como “Estudiaba un par de meses en local equis. ¡Me gustó!” Muchas veces, especialmente las personas que nunca han ido, me dicen un simple, “O,” y me echan un mirada que no siempre puedo decodificar. ¿Ya entiendes quien soy dentro de los 350 millones de mis compatriotas? ¿Mi vida e historia tan simple y a pleno vista? Entonces, hágame saber quien soy yo por favo

Decido que el hombre en rojo en esta plaza tranquila sumergida en sol espera un fracaso enfrentando Brasil, y no quiere ser testigo a la destrucción. Los 90 minutos terminaron con un triunfo brasileño. La gente empieza salir por la calle, los niños con caras pintadas con el azul, blanco y rojo de la bandera chilena, pero nadie toca el timbre del auto como antes. No hay gritos. Las micros llenan, y se van con un cansancio. El período extraño de quietud finaliza, y Santiago regresa a lo cotidiano. ¡Viva Chile! Que se vivan a todos.

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